Durante décadas, tomar alcohol fue parte de una salida normal con amigos, celebrar un cumpleaños, cerrar una buena semana… o una mala también. Una cerveza, unos tragos y listo. Parecía que nadie se lo cuestionaba. Pero algo está cambiando.
Según Gallup (estudio: Americans’ Drinking Remains at Record Low, agosto de 2026), solo el 54% de los adultos en Estados Unidos dice consumir alcohol, el nivel más bajo registrado en su historia. Y aunque esto no significa que la Generación Z haya dejado de beber, sí muestra un dato relevante: una de las categorías de consumo más tradicionales está cambiando.
¿Qué está pasando con las nuevas generaciones?
Hoy entienden de manera diferente el concepto de bienestar, dinero y vida social. Beber ya no es necesariamente parte del plan. Hay jóvenes que prefieren entrenar temprano, cuidar su salud o simplemente salir sin tomar. Otros buscan bebidas sin alcohol para seguir compartiendo con sus amigos. No todos piensan igual, pero existen más razones para elegir y más alternativas para hacerlo.
Hoy más que nunca, las marcas tienen que escuchar al consumidor.
Durante años, la publicidad de bebidas alcohólicas vendió mucho más que licores. El producto era casi un pase de entrada a la experiencia, amistad, diversión, libertad y buenos momentos.
Pero ¿qué sucede cuando el consumidor empieza a separar ambas cosas? Cuando quiere reunirse con sus amigos, pero ya no necesariamente quiere tomar alcohol. La gente sigue queriendo reunirse, celebrar y pasarla bien. Lo que está cambiando es lo que quiere consumir en esos momentos.
Para las marcas, la oportunidad está en entender ese cambio y encontrar nuevas formas de seguir siendo parte de la experiencia.
Bienvenido el cambio.
Algunas marcas ya están explorando bebidas sin alcohol, pero la respuesta no puede ser simplemente lanzar una versión cero y esperar que funcione. Hay que entender qué busca la gente, qué ocasiones quiere mantener y qué barreras encuentra en la oferta actual.
Es un ejercicio de innovación que empieza escuchando al consumidor y no mirando únicamente a la competencia. Porque si una marca entiende la necesidad antes que las demás, puede encontrar una oportunidad que todavía no está atendida.
Heineken 0.0. por ejemplo, ha ampliado su oferta con sabores como lima y nectarina con enebro. En Reino Unido, también sirve su cerveza sin alcohol directamente del barril en miles de pubs. Y en Ámsterdam, Bar 0.020 creó un espacio temporal dedicado exclusivamente a bebidas sin alcohol.
Los consumidores no tienen la obligación de mantener sus hábitos para que las marcas sigan vendiendo. Son las marcas las que tienen que entender cómo han cambiado las personas, cómo están cambiando y cómo cambiarán.



























