Las marcas llevan años intentando elevar su papel en la sociedad. Ya no quieren limitarse a vender productos o servicios; quieren transformar vidas, impulsar el progreso, construir un futuro mejor, generar impacto positivo. Y no tengo ningún problema con esa ambición porque la considero necesaria para cualquier organización.
Sin embargo, lo que pasa con la mayoría de propósitos es que son simple poesía.
¿Por qué la mayoría de propósitos son solo poesía?
Muchas marcas empiezan demasiado arriba. Eligen una causa universal antes de definir con claridad qué lugar quieren ocupar en el mercado. Hablan de inclusión, bienestar, progreso o sostenibilidad, aunque su oferta, su experiencia y sus capacidades reales todavía no tienen una relación concreta con esa ambición.
El propósito puede ser una herramienta extraordinaria cuando atraviesa la empresa de pies a cabeza. Cuando modifica decisiones de producto, cultura, operación, experiencia y marketing. Cuando obliga a proteger una inversión, cambiar una práctica o rechazar una oportunidad que contradice la dirección elegida. En ese terreno, el propósito se traduce en una herramienta de liderazgo comercial. Le da coherencia a la organización y evita que cada área construya su propia versión de lo que la empresa quiere representar.
¿Cómo construir un propósito con ancla en el mercado?
Particularmente, pienso que el orden cambia completamente el resultado. El posicionamiento obliga a mirar la categoría, la competencia, el valor ofrecido y las razones por las que alguien debería elegir la marca. Le da un territorio real, una tensión y un lugar defendible. El propósito puede crecer desde esa base y extenderla hacia la cultura, la operación y la conducta de la empresa. Trabajarlo al revés suele producir una aspiración muy grande, pero sin un suelo firme desde donde actuar.
Conclusión
Una empresa necesita encontrar primero una posición propia en el mercado. Después puede ampliar su significado y convertirlo en una forma coherente de actuar. Sin esa base, el propósito puede sonar hermoso, pero termina flotando sobre el negocio. Y cuando cualquier marca puede firmar la misma causa, la diferencia empieza a desaparecer.



























