En estas cuestionables elecciones 2026, de las cuales están escribiendo hasta los que no saben ni leer, hemos tenido partidos políticos que han invertido millones de soles en sus campañas de marketing digital. Pensaron, seguramente, como muchos en el sector empresarial, que el recurso financiero es suficiente para ganarle a la competencia. Contrataron agencias, siguieron consejos y, confiados, destinaron montos que sobrepasaron los S/. 3.5 millones para que sus propuestas corrieran por el mundo virtual. No obstante, para desgracia de sus bolsillos y alegría de los de Meta, entre otros, ello no les sirvió ni siquiera en el roce de la valla electoral. ¿Qué fue lo que sucedió? ¿Dónde estuvo el problema? Simple, tan simple como preguntarle a Claude, o a ChatGPT para no ser tan exquisitos con la IA.
El gran problema estuvo en la marca, y dentro de ella, en dos elementos cruciales. El primero fue la asociación del partido político, la marca, con determinados creadores de contenido. Es sabido por todos que estos pueden contribuir con el posicionamiento de una marca… si es que ambas partes comparten una identidad similar. Por ejemplo, una propuesta política sobre el medio ambiente podría amplificarse bastante bien si la comenta una influencer ecologista, un activista. La conexión es clara. Sin embargo, ¿qué relación existe entre un proyecto de gobierno 2026 al 2031 con un streamer humorista? La respuesta ya la deben haber formulado ustedes casi sin necesidad de terminar de leer la pregunta.
El segundo elemento de marca mal gestionado por varios partidos en esta campaña, y que tiene largo tiempo, fue la reputación. Se olvidaron de que las marcas son compradas, favorecidas, por los consumidores cuando, simplemente, se perciben bien. Y para muestra dos botones apetecibles. Google incrementó su valor de mercado en más del 77%, gracias a su gestión ética e innovadora. Lego se posicionó como la empresa más reputada del mundo e incrementó sus ventas consistentemente, debido a su enfoque en sostenibilidad y calidad. Quizás los partidos políticos peruanos, que han invertido millones en redes sociales, debieron destinar dichos fondos en planes para mejorar su reputación. Para, en el ideal de los escenarios, renacer sus comportamientos en las instituciones estatales, sus decisiones en el Congreso.
Ahora bien, me podrían decir que la teoría de la asociación y de reputación de marca no funcionaron con los partidos políticos que sí han pasado la valla electoral, ya que algunos son percibidos como tremendas joyitas. ¿Cuál es la explicación entonces? Sencillo, como todo en la vida, y especialmente en las encuestas, existe el famoso “margen de error”. Pero más allá del sarcasmo, me pregunto, ¿qué tan fuerte puede ser una marca, un partido político, que pasa la valla, llega a una segunda vuelta con solo el 10% de votos del electorado aproximadamente? ¿qué tan fuerte es una marca a la que el 90% de electores no tuvo como primera opción? Indudablemente, el único ganador en estas elecciones ha sido el marketing.


























