Lo que parecía una tendencia imparable hacia el «propósito corporativo» ha chocado con la realidad de los estados financieros de 2026. Apple, que en 2021 lideró la carga al vincular el 10% de los bonos de sus directivos a metas ambientales, ha decidido discretamente eliminar este «modificador ESG» en sus recientes paquetes de compensación para 2025-2026.
Este movimiento no es un hecho aislado. Es el síntoma de una resaca corporativa que está transformando las salas de juntas en todo el mundo, desde Silicon Valley hasta Wall Street.
El efecto dominó: Salesforce, Starbucks y el S&P 500
Apple no es la única en «recalcular» su brújula ética. La retirada es sistémica:
- Salesforce: Históricamente activista, ha ajustado su enfoque hacia metas de «intensidad de emisiones». Esto permite a los ejecutivos cobrar bonos si la empresa es «más eficiente» por dólar ganado, incluso si su huella de carbono total aumenta debido a la expansión masiva de la Inteligencia Artificial.
- Starbucks y Mastercard: Han suavizado la rigurosidad de sus KPIs sociales, alejándose de metas específicas de diversidad (DEI) tras la creciente presión legal y política en EE. UU.
- La cifra del mercado: Según datos de The Conference Board, la presencia de métricas ambientales en los bonos del S&P 500 cayó al 46.7% en 2025, tras haber alcanzado un pico superior al 52% hace solo dos años. El retroceso en métricas de diversidad es aún más drástico, cayendo del 75% al 34%.
¿Por qué está ocurriendo esto?
En el análisis estratégico de reputación, sabemos que «lo que no se paga, no se hace». Este divorcio entre bonos y ESG revela realidades que las empresas prefieren no verbalizar:
- Miedo al «Anti-Woke Backlash»: En un contexto político polarizado, las marcas temen ser blanco de demandas por «incumplimiento del deber fiduciario». Borrar las siglas «ESG» de los contratos de los directivos es una táctica de camuflaje para evitar ser el centro de la batalla ideológica.
- La crisis energética de la IA: Para firmas como Apple y Salesforce, cumplir metas de «Net Zero» es casi imposible mientras escalan infraestructuras de IA que consumen energía de forma exponencial. Eliminar el bono evita que los directivos sean penalizados financieramente por el crecimiento tecnológico de la empresa.
- Del simbolismo a la madurez: Muchos de estos bonos eran, en el fondo, cosmética de marca. Al volverse técnicamente difíciles de medir y políticamente costosos de defender, las juntas directivas están volviendo a lo seguro: el flujo de caja y la rentabilidad por acción.
¿Hacia dónde va la reputación corporativa?
Este giro marca el inicio de la era del «Greenhushing» o sostenibilidad silenciosa. Las empresas seguirán trabajando en sus metas (especialmente en Europa, donde la regulación es estricta), pero dejarán de usar el ESG como una herramienta de marketing en sus reportes de compensación para evitar el escrutinio.
Para el profesional de comunicación y marketing en Perú y la región, la lección es clara: el propósito ya no puede ser un «aderezo» del sueldo de un CEO. Si la sostenibilidad no está integrada en la operación central de la marca, será la primera en caer cuando soplen vientos de incertidumbre.
Apple ha decidido que la ética ya no es un «plus» variable en el cheque. Ahora nos toca ver si, sin ese incentivo, la empresa mantendrá su promesa de ser carbono neutral para 2030, o si el «drop» de los bonos es el preludio de un «drop» en su compromiso con el planeta.
Dato de contraste: Mientras en EE. UU. el vínculo ESG-Bonos retrocede, en la Unión Europea el 94% de las grandes empresas mantiene estas métricas, impulsadas por normativas como la CSRD. La brecha de competitividad responsable acaba de abrirse.


























