Por Gonzalo Calderón, CEO de Aranwa Hotels
El turismo continúa recuperando dinamismo y con ello, crecen las oportunidades para la hotelería en el Perú. Durante las últimas Fiestas Patrias, el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo estimó que cerca de 1.9 millones de peruanos viajarían dentro del país, generando un impacto económico de aproximadamente US$254 millones, frente a los US$223 millones del año anterior.
Pero detrás de estas cifras hay un desafío menos visible: el viajero tiene hoy más alternativas que nunca y con ellas, más expectativas. El 26.6% señaló que se hospedaría en hoteles de tres estrellas, 12.4% en casas o departamentos alquilados mediante plataformas como Airbnb y 11.1% en hoteles de cuatro y cinco estrellas. La demanda crece, pero también se diversifica. Por eso, el reto para la hotelería peruana no es solo crecer, sino cómo hacerlo sin perder aquello que nos hace diferentes.
Durante años, la industria construyó sus propuestas alrededor de atributos como ubicación, comodidad, servicio, infraestructura, gastronomía y precio. Todos siguen siendo importantes, pero ya no bastan por sí solos. Hoy competimos con departamentos, casas de alquiler, propuestas boutique, resorts y experiencias de bienestar o gastronomía. Frente a ello, la pregunta ya no es solo cómo crecer, sino qué queremos preservar mientras lo hacemos.
El Perú tiene una ventaja enorme: cada destino tiene una historia, una cultura, una gastronomía y un paisaje propios. La experiencia de hospedarse en Cusco no debería ser igual a la de hacerlo frente al mar en Vichayito o en medio de la naturaleza en la Amazonía. Esa diversidad no debería estandarizarse; es uno de nuestros principales activos.
Una marca puede expandirse y desarrollar nuevos formatos, pero necesita hacerlo sin diluir aquello que la hace reconocible. Esta no se construye únicamente desde una campaña o un concepto visual, sino desde lo que el huésped vive, su conexión con el destino y aquello que recuerda al regresar a casa.Esto también redefine el rol del marketing hotelero. Ya no debería aparecer únicamente cuando existe una promoción o un nuevo producto que comunicar. La experiencia debe ser capaz de generar historias, recomendaciones y recuerdos, y el marketing debe involucrarse desde su diseño. Para ello, es fundamental trabajar junto con operaciones, gastronomía, bienestar y actores locales, entendiendo que un hotel no existe aislado de su entorno.
Y crecer también implica una responsabilidad. La hotelería puede generar empleo, dinamizar economías y posicionar nuevos destinos, pero ese desarrollo debe asegurar que el turismo no termine reemplazando aquello que los viajeros vienen precisamente a buscar.
No se trata de elegir entre crecimiento e identidad. El verdadero desafío es demostrar que ambos pueden avanzar juntos.La próxima etapa de la hotelería peruana no debería medirse únicamente por el número de habitaciones, proyectos o visitantes, sino también por lo que dejamos en cada destino y por lo que el viajero se lleva cuando se va.
Crecer no debería significar parecernos cada vez más unos a otros. Debería permitirnos hacer más visible aquello que nos hace únicos.





























