Por Aldo Canchaya
2016. Tres amigos de una universidad de Estados Unidos le daban vueltas a una idea que les parecía diferente y que podía hacerles ganar mucho dinero: ¿Y si la gente pagara para que los famosos hagan cualquier cosa que ellos le pidieran, como jugar golf con Michael Jordan?
Marzo 2017. Felizmente vieron esa idea poco clara y rentable y enfocaron el negocio en una dirección sumamente simple: “Que los famosos te saluden por video”. Punto. Genial. Rentable. Escalable. Masivo.
Solo faltaban las estrellas.
El primer video en la plataforma fue uno de Cassius Marsh, jugador de Seattle Seahawks en la NFL.
Cuenta la leyenda que nada interesante pasó con los números ni la imagen de la compañía luego del primer video, hasta que publicaron un video con la reacción del padre viendo a Marsh saludar a su hijo por su cumpleaños 16.
La experiencia real fue clave para darle valor a Cameo y conectar con miles de personas deseosas de recibir o enviar saludos de famosos a sus familiares y amigos.
Otro acierto: darles la oportunidad de decidir el precio a cobrar.
Cameo comunicó que las estrellas podían elegir su propia tarifa. Es decir, podían grabar y mandar 10 videos al día por 90 dólares cada uno o podían doblar el precio y solo filmar 5.
¿Las figuras más destacadas y costosas de Cameo? Tama Tonga, luchador de la WWE, con 10,000 dólares por video o Boy George que puede cantarte feliz cumpleaños desde su cocina si le depositas 15,000 dólares.
El caso de Cameo no es aislado. Es parte de una ola mucho más grande.
Plataformas como MasterClass, donde pagas por aprender directamente de referentes, o Patreon, donde accedes a contenido exclusivo de creadores, siguen la misma lógica: acceso directo, sin intermediarios. Incluso Fiverr llevó esto al mundo laboral. Todo se puede pedir. Todo se puede vender.
Plataformas como OnlyFans o TikTok aceleraron la idea de conexión directa.
Este tipo de negocios crece porque resuelve algo muy actual: la inmediatez. Ya no se trata solo de consumir contenido, sino de interactuar, sentir cercanía. La gente no quiere ver desde lejos. Quiere tocar, aunque sea digitalmente. Y está dispuesta a pagar por eso.
Hablamos de una “Economía basada en la conexión a escala global”
Lo más interesante es el tamaño de este mercado. Este modelo de negocio está creciendo a pasos agigantados, porque no depende solo de celebridades tradicionales. Hoy cualquiera con audiencia puede entrar. Desde un experto en Substack hasta un creador en Instagram. Todos pueden monetizar su presencia. Es una economía donde la fama dejó de ser un privilegio de pocos y se convirtió en una herramienta para muchos. Para todos.


























