La obsesión por ser trendy.
Muchas marcas se obsesionan con “estar en la cultura”, lo cual hasta cierto punto es beneficioso, pero descuidan lo esencial: permanecer en la mente de las personas. Esto implica que la creatividad que brilla en contenido fragmentado no es suficiente si detrás no tenemos un dispositivo o una plataforma marcaria que articule todo lo que la marca ha construido anteriormente.
Según Sarah Carter y Les Binet, profesionales reconocidos internacionalmente por ser autoridades con experiencia comprobada y efectividad publicitaria, han bautizado el 2026 como “el año de la consistencia creativa”.
Y tiene todo el sentido del mundo porque hoy vivimos en la era del ruido. La atención del consumidor está totalmente fracturada: los algoritmos trituran la memoria mostrando contenido muy similar; el doomscrolling predomina como un acto por inercia y; además, la gente está harta de recibir publicidad poco entretenida.
La creatividad que suma a la memoria.
El rol de la creatividad debe estar más orientado a acumular valor y sumar a la memoria porque el cerebro disfruta patrones y prefiere, por encima de todo, lo familiar. El reto está en generar repeticiones disfrazadas de nuevas historias: tener una gran plataforma atemporal sobre la cual puedas construir historias que no cambian por completo, sino que solo que refrescan el valor, identidad y posicionamiento.
Ser parte de la cultura es importante y nos ayuda a ser visibles permanentemente, pero si no sumamos memoria (posicionamiento, valor y distinción), seremos una marca con menos posibilidades de generar favorabilidad, consideración y compra.




























