La nostalgia ha vuelto a convertirse en una de las estrategias más eficaces dentro del marketing contemporáneo. En lo que va del 2026 y en un contexto donde la atención es fragmentada y la competencia es alta, las marcas están recurriendo a íconos culturales, productos históricos y referencias generacionales para movilizar a los consumidores desde el vínculo emocional, especialmente con audiencias que crecieron entre los años 90 y 2000.
Este enfoque no solo recupera símbolos de época, sino que los recontextualiza a través de celebridades contemporáneas, generando un puente entre cultura, identidad y consumo. El resultado se observa con claridad en el ecosistema digital: mayor conversación orgánica, picos de engagement y apropiación cultural por parte de comunidades, fandoms y grupos generacionales específicos.
Celebridades como catalizadores de nostalgia
Uno de los casos más recientes es el de Karol G con Puma, donde la marca relanzó modelos icónicos de zapatillas apelando al imaginario estético de décadas anteriores. La elección de la artista no es casual: Karol G opera como referente cultural actual, y su último trabajo discográfico ya exploraba la nostalgia como recurso narrativo. La asociación permitió unir música, moda y memoria, generando alto impacto en plataformas sociales.
Otro ejemplo es Sarah Jessica Parker como nueva imagen de Tanqueray, activando un imaginario ligado tanto a su carrera como a la sofisticación urbana de comienzos de los 2000. La campaña titulada “There’s an N and an O in every icon” incorporó storytelling sobre el proceso creativo de la marca y logró activar conversación entre audiencias que asocian a la actriz con un período cultural específico.
En el terreno de la moda, Hailey Bieber y Victoria’s Secret impulsaron el revival del estilo Y2K, recreando momentos que recordaban a campañas históricas de la marca, incluyendo referencias simbólicas a la icónica sesión con Gisele Bündchen. El mensaje no solo revitalizó el archivo cultural de la compañía, sino que permitió actualizar su narrativa frente a nuevas generaciones.
El fenómeno también alcanza a celebridades históricas. Madonna, a sus 67 años, protagoniza la nueva campaña de Dolce & Gabbana para The One, perfume que cumple 20 años desde su lanzamiento. La marca celebra este aniversario con un relato sexual y estético inspirado en su herencia visual y con la incorporación de nuevas fragancias, reforzando la idea del perfume como objeto cultural, no solo cosmético.
Más allá de la nostalgia: fandom como activo de marca
Aunque no todas las campañas apelan directamente a la nostalgia, si comparten un eje común: la elección de celebridades con alto valor cultural y capacidad de movilizar comunidades globales.
La alianza entre Lisa (Blackpink) y Nike, por ejemplo, apunta al fandom como motor de crecimiento, activando audiencias del K-pop y expandiendo la marca en Asia y Occidente.
En Latinoamérica, Ester Expósito se incorpora como embajadora de Ripley, alineando a la marca retail con una figura que representa juventud, estilo y alcance digital. Por su parte, Kylian Mbappé se convierte en la nueva imagen de Dior, movimiento que marca una etapa renovada en el vínculo entre moda y deporte.
El impacto digital como métrica central
Una de las razones por las que la nostalgia se ha convertido en un recurso tan atractivo para las marcas es su capacidad de amplificación digital. Estos lanzamientos se prestan para: Reacciones emocionales, Recreación de tendencias pasadas, Contenido generado por usuarios, Memes y formatos culturales, y Conversación intergeneracional.
Plataformas como TikTok, Instagram y YouTube funcionan como aceleradores, permitiendo que la nostalgia se convierta en participación cultural. La estética Y2K, los revivals de productos y la recuperación de archivos visuales están generando resultados medibles en awareness, engagement e intención de compra, especialmente entre millennials y Gen Z.
Conclusión
En enero del 2026 hemos tenido estos siete lanzamientos donde la combinación marca, celebridad y nostalgia confirma una tendencia creciente: las marcas ya no solo venden productos, sino también recuerdos, referencias y símbolos culturales.
En tiempos de saturación publicitaria, las campañas que logran activar memoria emocional y conversación digital tienen una ventaja competitiva clara. El pasado —bien utilizado— se ha convertido en un valor comercial que proyecta hacia el futuro.




































